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Un artículo en el diario digital elpais.com hace saltar la liebre. Marcanet se hace eco del reportaje y se lo ofrece a continuación. Según su autor, Tomàs Delclós, “la proliferación de peleas en los tribunales entre compañías por supuesta vulneración de patentes, las compras de empresas cuyo activo más valorado es la cartera de patentes o la adquisición de millonarios paquetes de patentes de una compañía están justificando que muchos analistas empiecen a hablar de la existencia de una burbuja en el mercado de las patentes. Y más concretamente en el planeta de la telefonía móvil”.

Según el artículo, el origen de la burbuja sería el lanzamiento por parte de Google de un sistema operativo para móviles de código abierto, Android, ya que su éxito ha ido “acompañado de crecientes conflictos legales”. Acude al ejemplo concreto, cómo no, de “Apple, un caso, está persiguiendo en los tribunales a fabricantes de teléfonos que emplean Android por considerar que vulnera patentes de su propiedad”. De hecho, añade, “Google ha realizado compras defensivas de patentes para proteger a Android de este cerco judicial. En apenas tres meses ha adquirido dos paquetes de unas mil patentes cada uno a IBMY la compra de Motorola Mobility también se explica porque con ella se hace con las 17.000 patentes de este fabricante”.

Delclós afina con el pincel más todavía y afirma que todo “es una respuesta al consorcio creado por Apple, Microsoft, Sony y RIM para adquirir, por unos 3.100 millones de euros, las 6.000 patentes subastadas por la compañía canadiense Nortel, que se declaró en suspensión de pagos en 2009″.  Eso, sin olvidar que Intel también pujó por ellas sin conseguir su objetivo. Tras conocerse esta operación, dice el artículo, “Google la denunció por considerarla una “campaña hostil” contra Android al verse excluido del consorcio. Microsoft replicó que se había ofrecido a Google entrar en el mismo, una oferta que la empresa del buscador rechazó”.

Una historia que no tiene ni tendrá fin. Para Carles Comes, ingeniero experto en patentes, “el precio que merece una patente es el precio al que alguien está dispuesto a comprarla”. Lo que sí ha cambiado, a juicio de Comes, es el uso de patentes: “cuando su propietario es un fabricante de dispositivos, y no una empresa dedicada únicamente a comerciar con ellas, lo que se busca es diferenciar el producto propio más que hacer dinero con su venta”. Para Comes no es justo hablar de una burbuja, dice la noticia.

Florian Mueller, consultor especialista en patentes y autor del visitado blog  Foss Patents, considera que “no hay una fórmula matemática objetiva para calcular el precio justo de una patente”. Mueller también distingue el problema de las patentes vinculadas a un estándar y de las que no lo están. En el caso de patentes libres, Mueller comenta que el negocio se asemeja al del cine: “hay muchas películas, pero pocos éxitos de taquilla. Las agencias que validan patentes apenas dedican 10 o 15 horas a estudiarla. Su aprobación, por tanto, es frágil y puede verse sometida a disputas jurídicas. Una patente que ha superado varios asaltos en contra de su validación es una patente fuerte y puede tener un precio muy superior a otra patente que únicamente ha pasado la validación formal de una agencia”.

 

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