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Según un artículo publicado por La Voz, entre el 2008 y el 2010, las patentes promovidas por las universidades españolas crecieron un 15,7 % hasta alcanzar la, valga el calificativo, buena cifra de 584. Un estudio de la Agencia de la Propiedad Industrial e Intelectual ha determinado que “ningún centro español está entre los 73 primeros del mundo en la contratación de licencias de sus propias patentes”.

Si existe investigación que genera una idea, si hay una patente… ¡qué falla! José Isern, director del estudio llevado a cabo por la Agencia de la Propiedad Industrial, indica que «una de las razones por las que nuestras universidades no lideran el ranking europeo de patentes es que no se han potenciado como patent trolls, algo que incluso el Gobierno francés está haciendo con subvenciones”. La idea es que las universidades innovadoras sumen patentes y recursos legales y comerciales “con el fin de buscar en el mercado posibles infractores de sus derechos y/o potenciales socios comerciales a la hora de cerrar contratos de licencias», afirma Isern.

El experto afirma que «para que nuestras universidades mejoren su capacidad innovadora hay que tomar la firme decisión de querer innovar, proteger la innovación y moverla legal, comercial e industrialmente para rentabilizar el esfuerzo económico y potenciar los departamentos de I+D+i de las universidades».

Las universidades que más patentes internacionales solicitan a nivel mundial son la de California, la de Tejas, el Massachusetts Institute of Technology y la Universidad de Tokio.

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  • Becario Universidad
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    ¿por qué las universidades españolas no prosperan a nivel de investigación? No me queda claro. ¿Es por una gestión del estado, de la universidad, de la administración, falta de recursos? No me queda claro. ¿A nivel legal que se podría hacer? ¿por qué no vale con patentar? No lo entiendo.

  • Esteban Pelayo Villarejo
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    Es indudable que somos un país para el que existe todavía un gran margen de crecimiento en cuestiones relacionadas con la investigación y la innovación. Ante esta circunstancia tenemos dos opciones, ver la botella medio llena o medio vacía. ¡Yo prefiero la primera opción!

    Hasta ahora estrategia de las universidades españolas en su relación con las empresas ha estado claramente orientada a hacer contratos de I+D. Es decir a plantear proyectos conjuntamente, que resuelvan problemas concretos de las empresas o se utilice el conocimiento de los investigadores universitarios para lanzar un nuevo producto. Esto hace que más del 25% de las empresas que innovan en España (unas 40.000) declaren en la Encuesta de Innovación del Instituto Nacional de Estadística que hacen esa innovación en colaboración con las universidades.

    Sin embargo en nuestros países de nuestro entorno las universidades suelen acabar sus proyectos por sí mismos, patentar la tecnológía y luego buscar empresas a las que licenciarle la patente. Si nuestros “vecinos” hacen esto…¡debe ser porque funciona! Pero lo cierto es que hay pocas licencias de patentes universitarias a empresas y eso que tiene ventajas indudables porque el conocimiento que se oferta está muy claramente determinado en el alcance de la patente y además se transfieren derechos exclusivos.
    Estoy seguro que esta tendencia va a cambiar en los próximos años porque entre los 10 mayores solicitantes españoles de patentes hay además del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cuatro universidades: las universidades politécnicas de Madrid y de Cataluña, la Universidad de Sevilla y la Universidad de Santiago.

    Tanto los contratos de I+D como las licencias de patentes van a ser una buena forma de usar la excelencia científica que existe en las universidades españolas. Hay que tener en cuenta que España es el noveno país del mundo en 2008 en número total de publicaciones, con el 2’73% de la producción mundial.

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